Como me enamoré de la Cerámica

El torno, un lugar mágico.

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Mi amor por la cerámica comenzó hace bastante tiempo en Canadá, sinceramente no se si la tierra me encontró a mi o al revés. Me sentía sola, cuando vi por casualidad a una persona en el torno. No se si lo han visto, pero es una visión mágica, agua, tierra, movimientos suaves y controlados….creación y conexión a la vez.

Me cautivó, lo probé y me quedé pegado por años.

El torno se ve fácil pero como cualquier oficio requiere tiempo, tranquilidad y paciencia para aprender.

La cerámica en general para mi ha sido eso, un viaje al auto-conocimiento.

Uno de los valores que tuve que aprender es la paciencia. Como sociedad estamos acostumbrados a querer algo, ir al supermercado y comprar. Tenemos la idea y al tiempo tenemos el objeto en nuestras manos justamente como lo habíamos pensado.

Este proceso es distinto, es de prueba error, es de momentos frustrantes de esperas largas y de sorpresas cautivadoras.

Después de Canadá y a la vuelta a Chile nos vinimos a vivir a Temuco, al sur del sur del mundo. Teniendo otras posibilidades, la cerámica me llamó hasta que nos decidimos emprender juntas en un camino lleno de sorpresas. Como buena amiga, a veces nos distanciamos, a veces nos odiamos a veces nos amamos y en general disfrutamos los momentos tranquilas juntas descubriendo nuevos caminos y posibilidades.

Hoy en día en mi taller ya no estoy sola, somos un equipo de gente que disfruta con las manos en la tierra y que con cariño vamos creando nuevos objetos hechos a mano para nuestro mundo industrial

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